Cómo llevar una alimentación viva y saludable

NOTA DE LA EDITORA: ESTO ES UN ARTÍCULO INVITADO POR NOEMÍ RODRÍGUEZ, DE VIVIENDOCONSCIENTE.COM

Alimentación viva y saludable

Emplear horas en la cocina haciendo platos elaboradísimos nunca fue mi especialidad.

En mi estilo de vida sencilla, creía que tenía que haber una forma saludable de comer que fuera a la vez fácil y práctica de llevar a la vida cotidiana.

Y esto lo encontré en la alimentación viva.

 Qué es la alimentación viva

La alimentación viva es aquella que nos aporta energía vital.

Se suele decir que nadie da lo que no tiene. Por tanto, para que un alimento nos dé vitalidad, tiene que tenerla. Tiene sentido ¿no?

Sabiendo esto, los vegetales frescos son los alimentos que más energía vital nos dan. Si te das cuenta, cuando cosechas un vegetal como la calabaza, por ejemplo, sigue viva durante más tiempo. No ha perdido su fuerza vital.

Las semillas son otro ejemplo de alimento vivo que conserva el potencial de, nada más y nada menos, llegar a ser una nueva planta. Si esa semilla además la germinamos, potenciaremos hasta un 300% la cantidad de nutrientes, enzimas y energía disponible para nuestro organismo.

Otros alimentos vivos son los fermentados, como las aceitunas aliñadas tan ricas que se hacen en mi tierra o la salsa de soja.

Esta vitalidad no la tienen los alimentos como carnes o pescados, ya que provienen de un ser vivo que ha perdido su vida, su energía vital.

Y tampoco los alimentos refinados, como el azúcar blanca o las grasas industriales transformadas.

 Por qué la alimentación viva es minimalista

Los alimentos vivos son los más óptimos para el organismo, ya que éste toma de ellos su energía en las mejores condiciones y la aprovecha con poco gasto en su digestión y metabolismo.

Esto es así debido a que los alimentos vivos cuentan con las enzimas, minerales y oligoelementos necesarios para la óptima digestión y asimilación de los nutrientes que contienen.

Por eso la alimentación viva es minimalista, ya que obtiene el mejor rendimiento para nuestra nutrición: la mayor energía con el menor gasto.

Cuando calientas un alimento a más de 40º-50º empieza a perder muchas de sus enzimas y vitaminas.

Pero también es verdad que, si tu sistema digestivo está debilitado, debido a malos hábitos alimenticios u otros motivos, cocinar los alimentos con cocciones suaves puede facilitar su digestión y asimilación.

 Cómo introducir alimentos vivos y saludables en tu vida cotidiana

Después de lo que has leído, pensarás que lo más minimalista en una alimentación saludable son las ensaladas.

Y sí, ciertamente no se me ocurre comida más sencilla.

El tema está en que, al menos yo, no he llegado a un nivel de consciencia en el que comer únicamente ensaladas me baste. Nutritivamente no hay ningún problema, pero la alimentación está tan unida a la cultura, las emociones, … que un día me puede apetecer tomar un batido de papaya como los que me hacía mi abuela o una pizza para compartir con amigos.

Así que quiero contarte algunos tips para aumentar en tu alimentación cotidiana la cantidad de alimentos vivos, siempre teniendo en cuenta la regla del 80/20 que cita Inma del libro Flexivegetarianos.

Lo importante es el hábito de alimentación cotidiano. Porque así tu organismo va a tener holgura suficiente para procesar esos alimentos no tan saludables que te restan energía vital y que necesitan un esfuerzo extra de tu sistema digestivo.

 1. Mastica abundantemente

La digestión comienza en la boca, con la masticación.

Cuanto mejor mastiques la comida, más fácil será tu digestión y asimilación de nutrientes, ya que favoreces la producción de enzimas digestivas que se produce en la boca y ayudas al organismo en la descomposición de ese alimento para aprovechar sus nutrientes.

2. Acompáñate de ensaladas

No hace falta comer sólo ensaladas, pero sí es una buena idea comer un poco de ensalada en cada comida.

Además de las vitaminas y energía vital de estos vegetales, estarás tomando enzimas digestivas que te ayudarán con la digestión y asimilación de los demás alimentos que estés tomando en esa comida, y que quizá no cuenten con estas enzimas por estar más cocinados, por ejemplo.

3. Únete a los batidos verdes

En los últimos tiempos los batidos verdes están tomando protagonismo en los ámbitos de la alimentación saludable.

Y es que es una forma muy sencilla de tomar alimentos con toda su vitalidad.

El batido verde más sencillo consiste en mezclar preferiblemente una sola fruta con vegetales, sobretodo los de hoja verde.

La hoja verde tiene, entre otras cosas, clorofila: ¡Energía del sol en forma vegetal! Además, la estructura molecular de la clorofila es casi idéntica a la de la hemoglobina. Oxigena nuestras células.

Las frutas ácidas, y otras como la manzana, pera o papaya, combinan muy bien con los vegetales. Prueba con hojas verdes como las espinacas, lechuga, apio o acelgas.

Se hace rapidísimo, es muy energético y apenas tiene gasto para tu organismo.

Eso sí, ensaliva bien cada trago. Mastica también tus batidos 🙂

4. Súmate al poder de las semillas

Como te comentaba, las semillas guardan todo el potencial de ser una planta.

Aprovecha esa energía y complementa tus comidas con semillas. Puedes simplemente esparcir en tu plato algunas semillas de calabaza, girasol o sésamo.

Y también tomarlos en forma de aceite o hacer ricos patés. Por ejemplo, pon en remojo unas horas unas semillas de girasol, escúrrelas y bátelas con un poco de remolacha, un chorrito de limón y salsa de soja. ¡Y a disfrutar!

5. Alíate con los germinados

Los germinados son las semillas a las que hemos puesto en las condiciones apropiadas para desplegar su potencial y comenzar a desarrollarse como planta.

Son muy potentes a nivel nutricional y energético, y más digestivas que si comemos la semilla sin germinar.

Hoy en día ya se venden brotes y germinados frescos de todo tipo de semillas, pero también puedes hacerlo tú mismo. Tan sólo necesitas ponerlas en remojo una noche, escurrirlas y meterlas en una bolsa de tela transpirable. Las lavas un par de veces al día y listo. Según la semilla que sea, en unas horas o días empezarás a ver cómo brota la vida.
Luego las puedes comer así directamente frescas, o escaldarlas un poco previamente.

Conclusión

Sin duda, la mejor manera de cambiar de hábitos alimenticios es siendo flexible.

En este sentido, con poco que hagamos por introducir alimentación viva en nuestro día a día, ya beneficia nuestro organismo y nos ayuda a contrarrestar otras comidas no tan óptimas para nuestro sistema digestivo.

BIO:

Noemí Rodríguez es la autora del blog Viviendo Consciente, donde comparte ideas y herramientas prácticas para llevar un estilo de vida más saludable, sostenible y consciente en la vida cotidiana.

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